Por Manuel Díaz Aponte

En medio de la incertidumbre y propagación de la desinformación ante la pandemia, la humanidad contempla la línea divisoria de dos polos contrapuestos, los países ricos y pobres.

Ni siquiera la magnitud de la actual crisis sanitaria que golpea a las naciones industrializadas y subdesarrolladas, ha podido levantar el muro de la separación social, impidiendo fluidez en la adquisición y suministro de la vacuna para afrontar la terrible enfermedad.

Desde las naciones pobres se observa cómo los países industrializados aplican las dosis a sus habitantes, acaparando el doble de las requeridas por habitantes.

La universalización de la aplicación de la inmunización todavía no ha tocado las puertas de los hogares pobres, y en América Latina, exceptuando a México, Brasil y Argentina, se está a la espera de la jornada de vacunación masiva.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado sobre las consecuencias que generaría si millones de personas alrededor del mundo no son vacunadas.

Habría factores adversos no tan solo en el ámbito sanitario, sino por igual, en lo económico.

Se estima que la economía global perdería hasta 7,6 billones de euros si las naciones menos adelantadas no acceden a la inmunización contra la Covid-19 como los países más ricos, quienes sufrirían la mitad de estas debacles financieras.

Entonces, ¿cederá la racionalidad por encima del poder material y control global?

Hay fuertes “presiones” contra las transnacionales farmacológicas que no han podido honrar sus compromisos de atender los pedidos para la inoculación contra el coronavirus.

La vacuna rusa Sputnik V está siendo empleada en Argentina, México, Brasil, Bolivia y Venezuela.

El Papa Francisco pidió “vacunas para todos “en un solidario y alentador mensaje hacia la población pobre que aún no dispone de la inyección.

Se teme que en el continente africano millones de personas queden sin recibir las dosis, lo que generaría un serio problema sanitario.

Es evidente que la Agenda 2030, que pretende erradicar la pobreza mundial, recibiría una estocada. Por eso, en reiteradas ocasiones, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha instado a las potencias industrializadas, encaminar acciones de estímulos al crecimiento de las economías débiles.

La aplicación de un modelo de inclusión social dirigida a fomentar la generación de empleos y el acceso a nuevos capitales, es impostergable.

Ahora estamos frente a una realidad, una emergencia sanitaria global que no discrimina entre residentes en países del primer mundo, del segundo o tercero.

Advertencia de Xi Jinping

La unipolaridad en la concentración del poder mundial ha cambiado, y hoy Estados Unidos, República Popular de China y Rusia manejan el tablero de la política internacional.

El presidente chino dijo que el mundo “jamás volverá a ser igual” como lo fue antes de la pandemia, abogando por un nuevo orden mundial que establezca reglas de entendimiento en el intercambio comercial, política exterior y convivencia entre las naciones.

Hablando en la inauguración de la edición virtual del Foro Económico Mundial, desde Davos, el mandatario asiático advirtió sobre las consecuencias de una “nueva guerra fría”, en evidente alusión al nuevo gobierno del presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Xi Jinping defiende un mayor papel del G20 en el escenario mundial y la cooperación en la gobernanza mundial.

¿Cómo serán las relaciones que formalizarán los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden y de China, Xi Jinping?

Ambas naciones están obligadas a promover la distensión para así encaminarse por otros rumbos en sus vínculos comerciales, políticos y diplomáticos.

China y el mundo contemplaron los acontecimientos vividos por la sociedad estadounidense en los finales del pasado mandato de Donald Trump, cuando bandas armadas alentadas por las propias autoridades, irrumpieron en el edificio del Capitolio en Washington, provocando caos y desórdenes con saldo de cinco muertos y varios heridos.

Esa acción vandálica significó un duro golpe a la imagen de Estados Unidos y a su propia democracia, recibiendo el repudio generalizado.

Xi Jinping y Vladimir Putin, dos líderes mundiales con un peso específico en las decisiones globales, deberán articular estrategias políticas y económicas para renovar sus relaciones con EE.UU., y el propio gobierno de Biden.

¿Y con América Latina?

En cuanto a la América Latina, es de esperarse que surjan cambios significativos y un acercamiento de la administración demócrata hacia esta región.

Ya el gobierno de Biden comenzó a aplicar medidas para frenar el flujo migratorio ilegal desde Honduras, Guatemala y El Salvador, en Centroamérica.

El presidente de México Andrés Manuel López Obrador comunicó recientemente, que el mandatario estadunidense invertirá 4.000 millones de dólares en obras de infraestructuras en Centroamérica, para detener la migración forzada. López Obrador y Biden dialogaron por teléfono, según difundieron medios mexicanos.

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