Santo Domingo.-El gobierno dominicano se queda de día en día sin interlocutor apropiado para el gobierno político de la isla, que depende de dos Estados, dos administraciones y dos naciones con poblaciones equiparables, pero con cultura e indicadores socioeconómicos diferentes.

Este hecho, el de verse ante la perspectiva de un desborde del orden público y la gobernabilidad en Haití, está en la base de un inusual comunicado del gobierno dominicano leído por el canciller Roberto Álvarez y colgado desde las 2:30 de la tarde del pasado día 7 en el portal de la Cancillería en la internet, bajo el título “Posición de la República Dominicana sobre la situación en Haití”.

La realidad es que se trata de la posición del gobierno dominicano, que avanza sus puntos de vista sobre la gobernanza en Haití como ninguna otra de las cuatro administraciones que desde finales del siglo pasado ha encabezado el ala liberal de la política dominicana, en el poder desde 1996.

El documento del 7 de abril contiene el párrafo siguiente:
“Para asegurar un cambio de gobierno democrático, que garantice la estabilidad política en Haití, es imprescindible asegurar un proceso electoral de amplia participación ciudadana y reconocimiento por parte de los partidos políticos, avalado por una observación electoral internacional.

Una reforma constitucional, de amplia aceptación por la mayoría de las fuerzas políticas y sociales de Haití, sería el punto de partida para el desarrollo de una arquitectura institucional más apropiada para Haití, la que promueva una mejor gobernanza”.

¿Cuál es la “arquitectura institucional más apropiada para Haití”? El documento del gobierno dominicano no lo dice, pero acaso se está sugiriendo un cambio del parlamentarismo, vigente en Haití desde 1986, al presidencialismo, que ha sido efectivo en la parte dominicana.
El primero estuvo encabezado por Leonel Fernández, entre el 16 de agosto del 96 y el 16 de agosto del 2000; el siguiente, por Hipólito Mejía, entre agosto del 2000 y el 16 de agosto del 2004; el tercero, de Fernández de nuevo, entre agosto de 2004 y el 16 de agosto del 2012; el cuarto, el de Danilo Medina, entre agosto del 16 y el 16 de agosto del 2020, dejaron su marca en el trato con Haití.
Durante sus administraciones destacan la colaboración, la asistencia y la exposición personal. Le tocó al doctor Fernández convertir la parte dominicana de la isla en sostén material, sanitario y logístico de Haití en medio del colapso que siguió al terremoto de 2010, al que se le cuentan más de 316 mil muertes y un número equiparable de lesionados.

La exposición del entonces presidente Fernández fue de tal nivel en el inicio de su segunda administración, que estuvo a punto de convertirse en el primer presidente de cualquiera de los dos países muerto en el territorio del otro cuando a mediados de diciembre del 2005 una caravana en la que se desplazaba en Haití fue emboscada y tiroteada al salir por la parte de atrás del palacio presidencial.

El presidente fue salvado a tiros por soldados de la Minustah.
Ni siquiera el presidente Charles Herald, que mandaba a una parte del ejército haitiano en la Batalla de Azua (19 de marzo de 1844) estuvo tan expuesto como Fernández en aquel diciembre.

El más insistente de todos ha de haber sido el presidente Hipólito Mejía, que nunca desaprovechó, en sus cuatro años de gobierno, para reclamar el compromiso de la comunidad internacional con Haití, que según su manera de ver, lo habían dejado por cuenta de sus escasas fuerzas y de las fuerzas de la nación dominicana.

Los esfuerzos del presidente Danilo Medina estuvieron enfocados, de manera preponderante, en una Comisión Binacional ideada el siglo pasado a la que se le dio durante su administración un dinamismo excepcional. También tuvo que vérselas con Nicolás Maduro, que se puso del lado haitiano con ocasión de un diferendo comercial.

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